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lunes, 27 de septiembre de 2010

Sobre modalidades contractuales

   Qué tipo de contrato sería el correcto en el caso de una empresa dedicada al desarrollo de aplicaciones informáticas que pretende contratar a una trabajadora para la investigación y desarrollo de un programa  informático solicitado por un cliente.

   En principio, la modalidad contractual correcta sería la de obra o servicio determinado regulado en el art. 15.1 a) ET y RD 2720/1998, de 18 de diciembre, puesto que la realización de un programa informático, concreto y específico, encargado por un cliente de la mercantil, constituye una obra o servicio dotada de autonomía y sustantividad propia dentro de la actividad de la empresa y puede ser, por tanto, objeto de este contrato.

  Téngase en cuenta que, en principio, la obra o servicio no tiene por qué corresponderse con actividades anormales de la empresa, puede darse en lo que constituyen las actividades normales de ésta, pero necesitan tener en todo caso autonomía y sustantividad propias. Dicho de otro modo, el objeto del contrato no debe constituir una mera manifestación de la ordinaria actividad empresarial carente de cualquier singularidad que autorice su sometimiento a esta concreta modalidad contractural.

   Hacer un uso contrario a Derecho o fraudulento en la contratación, conlleva que el contrato se presumiría indefinido, y a la terminación del mismo constituiría en sí un despido improcedente.

Formación fuera de la jornada de trabajo

   El actual planteamiento viene dado por la siguiente cuestión;
¿Puede el empresario obligar a sus trabajadores a la asistencia a cursos de formación fuera de la jornada laboral?
   La formación está prevista como un derecho básico de los trabajadores en el art. 4.2 b) ET, cuando establece que "En la relación de trabajo, los trabajadores tienen derecho: A la promoción y formación profesional en el trabajo, así como al desarrollo de planes y acciones formativas tendentes a favorecer su mayor empleabilidad (redacción según Ley 35/2010, de 17 de septiembre)
   La cuestión sería si dicha formación podría exigirse al margen de la jornada de trabajo. Pues bien, partiendo de la base de que fuera del tiempo de trabajo no es exigible la colaboración productiva del trabajador y, por tanto, su tiempo dejar de estar encadenado al trabajo, al margen del deber de actuar de buena fe que caracteriza la fisiología de la relación laboral, por lo que en principio, ninguna actividad positiva puede ordenarse por el empresario al margen de la cobertura contractual que supone el tiempo comprometido por el trabajador.
   Por tanto, el límite de colaboración formativa lo marca el tiempo legal de disposición productiva.
   En resumen, el empresario no puede modificar el deber-derecho del trabajador en una pura obligación ni su obligación en una todopoderosa facultad, exigiendo, con su invocación, un compromiso de disponibilidad superior al pactado (SAN, Sala de lo Social, 41/2002, de 4 de junio)
   La legislación laboral prevé la formación fuera de la jornada de trabajo sólo cuando es voluntaria por parte del trabajador, tal y como establece el art. 23 ET cuando determina que:

El trabajador tendrá derecho:
  1. Al disfrute de los permisos necesarios para concurrir a exámenes, así como a una preferencia a elegir turno de trabajo, si tal es el régimen instaurado en la empresa, cuando curse con regularidad estudios para la obtención de un título académico o profesional.
  2. A la adaptación de la jornada ordinaria de trabajo para la asistencia a cursos de formación profesional o a la concesión del permiso oportuno de formación o perfeccionamiento profesional con reserva del puesto de trabajo.